Piedra de toque, la nueva exposición de Cristina Garrido en La Casa Encendida, podrá visitarse del 9 de octubre de 2026 al 7 de marzo de 2027.
La muestra pone en diálogo obras de la colección de la Fundación Montemadrid con objetos, documentos, herramientas de tasación y materiales vinculados a la historia del Monte de Piedad.
Piedra de toque: una exposición sobre valor, arte y contexto
Piedra de toque parte de una pregunta central: qué hace que un objeto sea considerado valioso, auténtico o legítimo. La exposición de Cristina Garrido no aborda el valor como una cualidad fija, sino como una construcción atravesada por la mirada, el contexto, las instituciones y los sistemas que clasifican, conservan y legitiman las cosas.
El proyecto toma como punto de partida la relación entre la Colección Fundación Montemadrid y la historia de El Monte, actual denominación del Monte de Piedad. A partir de sus mecanismos —la tasación, el préstamo, la custodia y la conservación—, Garrido propone una lectura sobre las formas en que el arte adquiere, pierde o transforma su valor.
La Casa Encendida y la memoria del Monte de Piedad
La exposición adquiere un sentido particular en La Casa Encendida, un edificio que durante décadas albergó una de las sedes del Monte de Piedad. Miles de personas acudieron a este espacio para empeñar objetos y afrontar necesidades económicas, en una práctica vinculada a redes de crédito, solidaridad y supervivencia material.
Piedra de toque recupera esa memoria institucional y la incorpora al recorrido expositivo. El edificio, que pasó de funcionar como casa de empeños a convertirse en centro cultural de la Fundación Montemadrid, aparece aquí como un lugar donde se cruzan historia social, patrimonio artístico, economía y producción cultural contemporánea.
Obras de Dalí, Miró, Canogar y Equipo Crónica junto a objetos de El Monte
La muestra reúne obras de Joan Miró, Salvador Dalí, Rafael Canogar, Equipo Crónica, Chema Cobo, Sandra Gamarra, José Ramón Amondarain, Pep Agut, Martín Santos Yubero, Javier Peñafiel y Juan de Arellano, entre otros artistas presentes en la colección. Estas piezas conviven con relojes, enseres, maletas, documentos históricos, piedras de toque, manuales de gemología, galgas y cajas de piedras preciosas auténticas y sintéticas.
Ese cruce entre obras de arte y objetos procedentes del universo del Monte de Piedad desplaza la lectura habitual de la colección. Las piezas dejan de presentarse únicamente como patrimonio artístico para entrar en relación con saberes técnicos, procesos de mantenimiento, herramientas de evaluación y formas de circulación que normalmente permanecen fuera de la vista.
Medir, autentificar y legitimar
El título de la exposición remite a la piedra de toque, una pieza de jaspe utilizada para comprobar la pureza de metales preciosos. Al frotar una joya o una moneda sobre ella y aplicar ácido nítrico, era posible determinar su composición. Esta práctica, vinculada a la tasación, funciona en la exposición como metáfora de los procedimientos que permiten medir y autentificar el valor.
En ese marco, obras como Sin título (1973), de Joan Miró, o Paisaje surreal, de Salvador Dalí, adquieren una lectura específica. En la primera, la firma ocupa buena parte de la obra y convierte la autoría en un elemento central de legitimación. En la segunda, una pintura de apenas cuatro centímetros alcanza un elevado valor económico, poniendo en tensión la relación entre escala, mercado, firma e institución.
El tiempo, el mantenimiento y lo que no se ve
Una de las instalaciones reúne seis relojes históricos conservados por El Monte. Durante todo el periodo de apertura de la muestra, el relojero que se ocupa habitualmente de ellos acudirá semanalmente a darles cuerda y ponerlos en hora. Una tarea de mantenimiento invisible se convierte así en parte de la experiencia expositiva.
Este gesto condensa uno de los ejes del proyecto: mirar no solo los objetos, sino también las personas, saberes y cuidados que permiten que continúen existiendo, circulando y produciendo sentido. La exposición desplaza la atención desde la pieza terminada hacia los mecanismos materiales y simbólicos que la sostienen.
El préstamo como metodología artística
La propia forma de trabajo de Cristina Garrido parte de la lógica del préstamo. La artista utiliza temporalmente objetos que no le pertenecen, los desplaza de su contexto habitual y los pone en relación con otras obras para activar nuevas lecturas. La exposición funciona así como un espacio provisional, donde cada elemento cambia de significado al entrar en contacto con otros sistemas de valor.
El montaje, realizado en colaboración con Estudio Gonzalo del Val, refuerza esta idea al recuperar formas de almacenamiento, clasificación y presentación asociadas a El Monte. La arquitectura expositiva no actúa como soporte neutro, sino como parte de la investigación.
Una investigación sobre arte, economía y circulación
Piedra de toque amplía una línea de trabajo presente en la trayectoria de Cristina Garrido: la investigación sobre los mecanismos que determinan la visibilidad, el reconocimiento y el valor de las obras de arte. Su práctica, desarrollada a través del vídeo, la instalación, el dibujo, los libros y la performance, interroga los sistemas de producción y circulación del arte contemporáneo.
En esta exposición, esa reflexión se desplaza hacia el interior de una institución concreta y de su historia material. Al poner en relación arte, empeño, tasación, préstamo, custodia y mantenimiento, Garrido propone una lectura crítica sobre aquello que sostiene el valor de las cosas más allá de su apariencia. Puedes consultar otras propuestas vinculadas al arte contemporáneo en nuestra sección de actualidad artística.
Instagram: @cristina__garrido__ @lacasaencendida @fmontemadrid @gonzalo_delval
Descubre más noticias de arte contemporáneo y contenido cultural en Tentáculo Contemporáneo.





